Inteligencia empresarial

Por todas partes se intenta aportar elementos que mejoren la figura del empresario o de la empresa. Esto se intenta redirigir por medio de la formación continua, formación “In company” o conferencias y jornadas informativas. En mi opinión se trata de aportaciones que, sin discutir su utilidad, no ven a la empresa como un concepto global, al que a mí me gusta denominar como la “inteligencia empresarial”.

Este concepto es posiblemente el más ignorado, sobre todo por propietarios y gerentes de las pymes españolas, que son los destinatarios habituales de las acciones que comento en el párrafo anterior.

Pero puede que sea desde este enfoque lo único que tenga capacidad para aportar una visión que descubra al responsable empresarial aspectos como si su dimensión empresarial es la adecuada, si su estrategia corporativa está bien diseñada, si su modelo de negocio es el adecuado o está obsoleto, o y si la organización que tiene es la necesaria y es reflejo de su estrategia.

Hay empresarios, (muchos) que tienen la inteligencia empresarial definida mentalmente. Pero la mayoría no prestan mucha atención a esta inteligencia porque las urgencias del día a día les comen el tiempo de pensar y reflexionar de una manera avasalladora. No obstante, siempre es recomendable tenerla por escrito y bien comunicada.

Estos empresarios, aún a pesar de ignorar los principios de la inteligencia empresarial, padecen inexorablemente lo que ésta reclama. Quiero decir con esto que con mantener la ignorancia sobre lo que realmente necesita la empresa no les evita padecer sus consecuencias. Y buscan soluciones a problemas que se generan en el día a día pero que esconden detrás de ellos un origen basado en una inteligencia empresarial no definida.

De hecho sirva como ejemplo que la aparición oficial de la ISO 55000 basada en la gestión de los activos empresariales viene a exigir un sitio al lado de las otras ISO que son sufridas por la mayoría de micro-pequeños empresarios y cuyo objetivo final es obtener la acreditación, más que implementar e interiorizar la gestión de calidad como una manera más de defender su situación. Repasando sus normas y objetivos, se comprende cómo las empresas de tamaño competitivo van aportando procesos de excelencia a su gestión para defender su existencia ante su competencia y sus mercados objetivo. Lo más probable es que la micro-pequeña empresa pensará finalmente que es una nueva inutilidad que aporta el entorno. Y esto lo pensará así, en vez de centrarse en realizar adaptaciones que les ayuden a mejorar, creciendo con equilibrio.

Por otra parte, la dicotomía empresario/gestor, empresario/director es otro de los temas que en mi opinión tampoco se paran a reflexionar suficientemente. El empresario es un propietario, pero ello no le habilita como gestor, -en muchos casos lo son a la fuerza (administradores)-. Gestionar los recursos no es un acto funcionarial, es una necesidad apalancada por su estrategia, y confrontada con la realidad competitiva de los mercados y la competencia y es, en muy opinión, muy necesario formarse en ello lo más rápidamente posible.

Ser hoy empresario implica centrarse en dirigir, o en dejar dirigir a otros manteniendo la figura de propietario. Y dirigir representa básicamente “dirigir personas“. Y una buena dirección representa conseguir que esa dirección haga muy eficientes y eficaces a sus directivos-mandos intermedios que son realmente los que tienen que ejecutar los planes. Cuando se toma esta decisión implica asumir sus aciertos y también sus fracasos.

Recomiendo que vean desde el minuto 6 al 9:32 de la película Elizabethtown” la reflexión del director a su empleado sobre el fracaso que este ha tenido es muy aleccionadora.

Autor: Luis Sequí

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